Noche 2
El 18 de junio de 2015, Joan se despertó, como todos los días, a las 5 de la tarde. Cuando abrió los ojos, notó una sensación extraña en la boca. Escupió y de una le salieron todos los dientes fuera.
Los miró flotar entre babas y mocos en su mano, pero no había ni una gota de sangre, ni una pielecilla ni nada que salga cuando a uno se le cae un diente. Sabía que tenía que sentirse preocupado, confuso, contrariado; en cambio Joan se sentía de lo más normal.
Los contó: uno, dos, tres, cuatro...y así hasta treinta y dos. No entendía mucho de odontología pero pudo identificar que hasta había esputado las muelas del juicio que le iban a extraer el próximo mes.
¡Buah, 300 pavos por muela que me ahorro! - pensó.
Y entonces se preguntó qué hacer con ellas. Podría hacer un collar para su abuela, dárselos a algún perro a ver si sacaba algo royéndolos o podía simplemente guardarlos en una cajita y esperar. Eso fue lo que hizo.
Como su nuevo rasgo de desdentado se la traía al pairo, decidió hacer broma del asunto y comprarse una de esas dentaduras de plástico con colmillos de vampiro. Se la puso y se fue trabajar al parking, dónde lo mismo cobraba tickets que repartía el periódico Qué!
Día tras día, Joan acudía al trabajo con sus dientes de plástico. Se sentía de lo más normal. Por más que se decía a sí mismo que debía preocuparse por la pérdida, no lo conseguía. Pero cuando llegaba a casa y se metía en la cama. Los dientes superiores se pasaban toda la noche rozándose con sus respectivos inferiores sin dejarle dormir.
Así pasó una semana de coches que entraban y nunca estacionaban en el parking de Joan. Por supuesto, su jefe lo echó a la calle y mientras le caía la bronca del siglo, él pensaba en sus dientes.
¡Ya lo tengo!, deben volver al lugar de donde vinieron.
Pero en vez de ir a una clínica dental para que se los volvieran a colocar, Joan los cogió todos con una mano y se los metió a la boca. Se fue al bar más cercano y se paso la noche dándoles vueltas y más vueltas, como si fueran unos caramelos. Curiosamente, esa noche había un montón de tías locas por acercarse al nuevo vampiro.
Debe ser el femómeno Crespúsculo, que las vuelve locas - pensó.
Ligó con la tía más guapa del bar. Fue una noche perfecta excepto porque bebió tanto que se tragó todos y cada uno de los dientes. Y uno a uno llegaron al estómago junto con otros alimentos y un chicle.
Esta vitamina aquí, esta proteína allá, el chicle al futuro tapón del culo,
¿Y los dientes?
Bah, mándalos donde te parezca.
Venga, pues al corazón que nunca le mandamos nada.
Así los dientes formaron una perfecta mandíbula en el corazón de Joan.
Cada noche volvía al mismo bar y cada noche encontraba a otra Bella loca por follarse a un Edward. La conquistaba, se la llevaba a la cama y finalmente le partía, trituraba y destroza el corazón.
Como Joan se caraceterizaba por tener un sistema emocional raro, en vez de sentirse un criminal de corazón deborador, se sentía más bien un super villano. Sin superman, ni batman, ni Xena guerrera que lo convatiese era el malo más malo de aquel bar.
Al cabo de un mes, entró en el tugurio crepuscular con sus cólmillos a los que había añadido una gabardina negra y unos toques de polvo de talco en la cara. Esa noche encontró a un nuevo fichaje.
Era una chica de lo más normal. Vaqueros, camisa blanca, zapatos negros. Pero era nueva y eso llamaba la atención de Joan. La sedujo, se la llevo a la cama y luego intentó triturarle el corazón, como a todas. Sin embargo, no pudo. Le dijo "te llamaré mañana" y la llamó. Y al día siguiente, y al otro, y al otro y al otro.
Ahora sí que estaba confuso, ¿qué tipo de persona era esa chica?. No tenía ni idea, pero decidió preguntárselo directamente.
Oye tú, ¿se puede saber qué te has comido?
¿Yo?
Sí, ¡tú, joder! ¿qué hostias has comido tú para ser así?
No sé - dijo ella - yo sólo me como las uñas.
Notó que los dientes superiores empezaban su ronda de rozamiento con los inferiores. El corazón le picaba a horrores. Se acercó un poco más a ella y entonces lo entendió todo.

